Escrito por: Martín González García

Agradezco la colaboración del Maestro Martín Hernández, profesor de la UAM. Leamos su excelente prosa.

Recuerdo que había hecho mi examen de admisión a la UAM, me había sorprendido que un chavo había resuelto el primer parcial de Programación en escasos 30 minutos, lo que recuerdo muy bien es que el profesor nos dijo seguro que eres de la UAM, con esa idea a mis veintitantos, creí que ellos eran genios los que estudiaban ahí.

Así que en ese otoño del 1991 la guerra del golfo pérsico era noticia en el mundo, mientras estaba feliz por ver un número publicado en los resultados de admisión en el universal, más tarde entendí que esa iba ser mi matricula, el número que me iba a acompañar algunos años de una de las carreras más complejas y demandantes en el Ranking de las ingenierías.

Me estrelle el primer trimestre ante un sistema que te evalúa una U.E.A. (Unidad de enseñanza Aprendizaje) en 11 semanas, van tan rápidos los profesores, que o tienes tiempo de hacer amigos y menos de tener novia. Así que en el primer trimestre reprobé Calculo diferencial y Física I.

Así pasaron los años en la universidad y lenguaje se fue haciendo más y más complejo, el último trimestre tenía que leer lo que me convenía de la literartura en inglés, en mi tesis fue un prototipo experimental del cual el Departamento de Energía lo financia en conjunto con el Departamento de electrónica.

Así que en un principio busque trabajo en la desaparecida Luz y fuerza, lo que encontré fue lo siguiente” claro que si muchacho, ¿estas titulado?, a lo cual conteste emocionado que sí,” a bueno mira te veo el fin de semana con 80,000 pesos que debes de depositar en esta cuenta” “Tú sabes es para los gastos de representación y tu examen, pero no es seguro que te quedes”

Después de un año de no poder ejercer mi profesión, opte por la maestría en Ingeniería eléctrica y por cercanía a mi hogar en la SEPI- Zacatenco, curse los propedéuticos, toda mi carrera se resumió en tres materias, Computación, Matemáticas aplicadas a la ingeniería y Teoría de circuitos eléctricos, de aquellos veintitantos que éramos, solo el programa admitió a 6, de esos, solo nos graduamos 4.

Así que mientras estudiaba la maestría, gane una plaza de ayudante de profesor (profesor adjunto) en el Área de Física. Lo cual me permitió concursar para ser profesor al principio no era fácil, era muy reprobador, luego vi que no tenía sentido. Cuando me cambian de Departamento al Área Administrativa, mi vida dio un giro de 180° grados.

Conocí personas con una gran calidad humana, todos dinámicos, amables en una palabra estaban contentos con la vida.

Así que me invitan al área de Finanzas y Matemáticas, me dice el jefe de aquel entonces deberás de encontrar una estrategia de dar una materia que tiene un alto índice de reprobación, es investigación de Operaciones.

Al principio tenía mis dudas, pues era una mezcla de algebra lineal, programación y métodos heurísticos, así que la reinventé usando el software de office, resultados fueron buenos, entendí que había resuelto un problema, gracias al haber estudiado una carrera tan compleja, me había para resolver el problema.

Sé que me falta aprender muchísimo, si bien mis únicos contactos con mi carrera fueron visitar las Subestaciones del Valle de México y Topilejo, mi mayor satisfacción tal vez no como ingeniero, pero si como profesor es hacer fáciles las matemáticas mis estudiantes.

Martín Hernández H.

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