Por: Allie Ann

Fue el de los mayas, cuya área de influencia abarcaba un enorme territorio que incluía las tierras de la península del Yucatán, Honduras, Guatemala y la región mexicana de Chiapas.

La cultura maya debió surgir entre el 1.800 y el 1.500 a.C., pero la civilización como tal comenzó con las primeras ciudades, la arquitectura de piedra y la escritura, lo que debió ocurrir entre el 600 y el 500 a.C. Las primeras urbes se establecieron en lugares como El Mirador –en el Petén de Guatemala, casi en la frontera con Campeche– o Ceibal, donde las clases privilegiadas comenzaron a levantar pirámides y a establecer grandes rutas comerciales.

Entre el 400 y el 300 a.C., en El Mirador se construyó una pirámide de 72 metros de altura con una base de 500 por 300 metros, más grande en volumen que la pirámide egipcia de Keops.

El período clásico maya abarcó desde el año 300 al 900 de nuestra era y se puede dividir en dos fases: el clásico temprano y el clásico tardío. Durante este último, la influencia de Teotihuacán decayó en el mundo maya, probablemente en el año 650, aunque pronto se produjo una nueva invasión de pueblos centroamericanos muy agresivos que provocaron la huida de la población de sus asentamientos hacia las colinas, donde buscaron refugio.

El núcleo vital más característico de la civilización maya habría que buscarlo en la región de Petén. Según apuntan algunos arqueólogos, el origen del calendario maya podría ser olmeca, aunque fue en la cultura maya cuando alcanzó su máximo desarrollo.

La cerámica polícroma pudo tener sus raíces en los altos de Guatemala y de allí fue importada al área de Petén, donde se perfeccionó su elaboración. Si en el año 350 llegaron a su máxima expresión la arquitectura y el sistema jeroglífico maya, fue en torno al 450 de nuestra era cuando la escultura experimentó su apogeo.

Así como los incas eran prácticamente ágrafos, los mayas fueron grandes escritores. Sus ciudades albergaban bibliotecas donde se guardaban los códices que recogían su mitología y cosmogonía. Lamentablemente, los conquistadores españoles destruyeron la mayor parte de esos códices, de los que sólo se han conservado cuatro, repartidos en distintos museos del mundo.

Junto con las estelas que se han conservado en diversos yacimientos, constituyen la principal fuente de información sobre la civilización maya.

En 1540, el español Alonso de Zorita aseguró que había visto esos libros, que narraban la Historia maya y que fueron quemados por los religiosos que acompañaban a los conquistadores. Fray Bartolomé de las Casas escribió: “Yo aún pude ver restos quemados (de los códices) por los monjes”. De las Casas pensaba que esos monjes los destruyeron para que no dañaran a los indígenas en materia de religión, ya que se encontraban al inicio de su conversión al cristianismo.

Las ruinas de la ciudad maya de Tikal (Guatemala) se encuentran en la frondosa región de Petén. Las pirámides que todavía podemos contemplar, inmersas en la impresionante selva centroamericana, son los vestigios de una gran ciudad-Estado que dominó los principales asentamientos humanos en un área de 2.500 kilómetros cuadrados.

Alrededor del año 300 fue el centro de una sofisticada civilización que disfrutó de períodos de prosperidad y expansión territorial, hasta que fue derrotada por Calakmul (México) en el año 562. Años después, el conglomerado urbano de Tikal volvió a florecer.

Los continuos trabajos arqueológicos han desvelado que los mayas jugaban a la pelota, acudían a baños termales, comerciaban en los mercados, cultivaban sus campos e intercambiaban objetos y creencias de otras culturas.

El descubrimiento de Tikal, en 1848, se atribuye a Ambrosio Tutz y Modesto Méndez; este último escribió un informe sobre la misteriosa ciudad maya que fue traducido al alemán a finales del siglo XIX.

Pero la proyección de Tikal al resto del mundo llegó con la publicación de los artículos y fotografías de Teobert Maler y Alfred P. Maudslay, a principios del siglo XX.

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