Por: Allie Ann

El asesinato de Nicholas Green fue una tragedia que llevaría a multiplicar la tasa de donaciones en Italia, aunque nada de esto podía imaginarse  el padre de Green cuando se sintió perseguido por aquel auto negro.

“Pensé que si nos detuviéramos quedaríamos totalmente a su merced. Así que aceleré”, explica.

Ellos también lo hicieron y ambos vehículos se enzarzaron en una carrera hacia la noche. Y en esa pugna desesperada en carretera, una bala atravesó el cristal trasero del auto de los Green.

Nicholas tenía un tiro en la cabeza. Aunque eso sus padres no lo sabían aún. Antes de escapar en otra dirección, los atacantes también dispararon contra la ventana del conductor.

“Fue el momento más desolador de mi vida. Lo vi allí, con un disparo en la cabeza, y todo mi mundo cambió”.

Pero algo de luz saldría de aquella tragedia.

Nicolás murió en el hospital, tras días sumido en el coma. Pero antes de que falleciera, sus padres tomaron una decisión que cambiaría la vida de siete familias italianas: donaron los órganos de Nicholas a siete personas que estaban a la espera de un trasplante.

Green cree que muchos italianos se sintieron avergonzados de que un menor inocente muriera de esa forma en su país y que su manera de responder fue comprometiéndose con la donación de órganos.

Y es que, después de que los Green donaran los órganos de su hijo, decenas de italianos siguieron su ejemplo. Tanto, que la tasa de donaciones se triplicó.

La principal razón del aumento, sin embargo, fue que en 1999 se cambió el sistema de donaciones. Desde entonces, cada vez que alguien muere, se asume que sus órganos han de donarse, si es que el individuo no especificó lo contrario en vida.

Es el sistema de consentimiento presunto, también conocido como “opt-out”. Además de Italia, también se aplica en Francia, Grecia, Portugal y España.

Desde entonces Green vuelve a Italia cada dos años para concienciar a la población sobre la importancia de la donación de órganos.

En su más reciente visita volvió a reunirse con Maria Pia Pedala, quien estaba en coma por un fallo hepático y a punto de morir cuando recibió el hígado de Nicholas. Pedala se recuperó y se casó, y a los dos años tuvo un niño, al que puso el nombre de su donante.

El corazón lo recibió Andrea Mongiardo, quien falleció a principios de 2017.

“Mi hijo murió en 1994, pero su corazón acaba de dejar de latir”, dice al respecto Green.

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