Isabel, coronada reina de Inglaterra en 1559, murió sin descendencia y, al parecer, siendo virgen; lo cual no quiere decir que no tuviera una retahíla de amantes. El hecho es que, la que llegó a ser la más popular de las reinas inglesas, poseía una anomalía congénita conocida como “agenesia vaginal”, que le impedía la realización del coito. Ni siquiera con su gran amor Robert Dudley, conde de Leicester, pudo intimar hasta ese punto, y eso que éste la visitaba asiduamente en su dormitorio.

No pudo procrear

Las mujeres que se ven afectadas por dicho síndrome poseen un aparato reproductor poco desarrollado, aunque algunas pueden procrear. No fue éste el caso de Isabel que, dada su imposibilidad para traer al mundo un heredero, prefirió no tomar esposo y seguir manteniendo el prestigio que la distinguía en el mundo como “reina virgen”.

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