Escrito por: Gerd Müller

Un alto funcionario del Vaticano pidió evitar la legislación sobre la mariguana a partir de prejuicios de diversa naturaleza y llamó a comprender mejor las tendencias sobre el uso de esa droga.

El cardenal africano Peter Turkson, prefecto del Dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano Integral, escribió un mensaje con motivo de la Jornada Internacional contra el abuso y el tráfico ilícito de drogas, instituida por las Naciones Unidas.

En el mismo, dado a conocer por la Santa Sede, urgió a conocer los daños colaterales del uso, así como las consecuencias de las políticas de reglamentación en varios países, que empujan el mercado ilegal y a desarrollar productos.

“No se puede aceptar que la sociedad metabolice el consumo de las drogas como una situación crónica propia de la época, como el alcoholismo y el tabaquismo, reduciéndose a un debate sobre la libertad del Estado y del ciudadano ante el uso de las sustancias”, indicó.

El mensaje hizo un largo análisis sobre el impacto de la drogadicción, ofreciendo varios detalles científicos, y lamentó que la droga se haya convertido en un producto de consumo “con la vida cotidiana”, con la “actividad lúdica” e, incluso, con la búsqueda del bienestar.

Advirtió que el uso de sustancias ilícitas ha invadido los espacios cotidianos y los toxicodependientes no son ya consumidores de heroína, sino que tiene el perfil de “policonsumidores”, es decir que asumen diversas sustancias y alcohol.

Comparó ese fenómeno con la legalización del juego que, incluso cuando ha sido sostenida con la intención de desenmascarar la gestión criminal, incrementa en modo exponencial el número de jugadores patológicos.

Al mismo tiempo, denunció que los impuestos recabados por el Estado por el juego y también por la droga, deben considerarse “incompatibles” desde el punto de vista ético y “contradictorios” desde el punto de vista de la prevención.

Más adelante fustigó la falta de respuestas adecuadas en el plano político, que son tomadas con un “paso cansado” e “inadecuado”, mientras el mercado de la droga es mucho más competitivo y flexible respecto de la demanda, siempre disponible a ofertas nuevas, como las drogas sintéticas como el éxtasis y las anfetaminas.

Instó a considerar que cada drogadicto lleva consigo una historia personal distinta, que debe ser escuchada, comprendida, amada, y en lo posible, curada y purificada.

Por eso, urgió a no dejarse caer en la injusticia de catalogarlo como si fuese “un objeto o un mecanismo roto”.

“Para combatir la felicidad efímera de las dependencias se necesitan amor creativo y adultos capaces de enseñar y practicar un sano cuidado de sí mismos”, precisó.

 “Una visión espiritual de la existencia, proyectada en la búsqueda de sentido, abierta al encuentro con los otros, constituye la más grande herencia educativa que hoy más que nunca las generaciones se deben transmitir”, apuntó.

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