Por: Allie Ann

Grulla trompetera

Grus americana

En la década de 1940, los cazadores y desarrolladores norteamericanos habían provocado que las grullas estuvieran muy cerca de la extinción. Aunque la población se recupero, el cambio climático las coloca en amenaza una vez mas. Las grullas hacen sus nidos en los humedales del árticos, rodeadas de fosas naturales. El calor persistente disminuye sus defensas, exponiendo a sus polluelos a los predadores. Pero las fuertes tormentas pueden ahogar a los recién nacidos. Las migraciones anuales a Texas traen otros riesgos: la falta de lugares para descansar y rehidratarse debido a las sequias las obliga a volar más lejos hasta encontrar lugares de descanso.

Rana arlequín

Atelopus sp.

Las vibrantes ranas arlequín alguna vez cubrieron los suelos a los largo de Centroamérica. Ahora, se piensa que más de una docena de especies del género Atelopus están extintas. Los cambios climáticos relacionados con El Niño han llevado nubes a mayores altitudes de los norma en los Andes, creando un ambiente frío y húmedo que resulta ideal para los hongos que matan ranas.

En otras regiones, las sequias cocinan la piel de las ranas sobrevivientes.

Panda gigante

Ailurodpoda melanoleuca

Son mamíferos muy sensibles que se comienzan a sobre calentar a temperaturas de tan solo 25º C. Conforme el cambio climático aumenta el mercurio, los pandas se están quedando sin refugios frescos para descansar en la montaña. Forzados a escalar más alto para descansar, cerca de unos 1,800 pandas de China Central tendrán que moverse para llegar a su única fuente de alimentos. Los pandas evolucionaron para depender en una dieta de sólo bambú y únicamente pueden digerir una pequeña cantidad de lo que comen. Así que para sobrevivir deben comer unos 14 kilogramos de la planta al día. Pero los bosques de bambú tardan en crecer y es poco probable que migren con los pandas – condenándolos a un futuro de calor o hambre.

Leopardo de la nieves

Panthera unica

Este felino manchado, revestido con una capa gruesa de pelaje prospera en una zona de entre 2,987 a 5,500 metros de altura a través de la meseta tibetana, una región fría, rocosa que ofrece cabras y ovejas salvajes como presa. Pero el aumento de las temperaturas está empujando la zona hacia arriba, obligando a los leopardos y sus presas a subir las laderas, fragmentando sus hábitats en cumbres aisladas. Las temperaturas crecientes también atraen a los depredadores de la competencia como los leopardos comunes, que previamente evitaron las alturas frías a favor de los campos de caza boscosos en las elevaciones más bajas.

Koalas

Phascolarctos cinereus

Estos marsupiales dependen de árboles de eucalipto para todo: refugio, comida y agua, aunque las hojas son levemente tóxicas. Desafortunadamente, un aumento en el dióxido de carbono en la atmósfera está cambiando la química básica de las hojas del eucalipto, volviéndolas menos nutritivas y más venenosas. Para empeorar las cosas, las sequías desenfrenadas en Australia secan el follaje, lo que significa menos humedad para las koalas. En las áreas resecas, las criaturas pueden morir de insuficiencia renal causada por la deshidratación. Algunos de estos animales están bebiendo de las estaciones de riego establecidas por los investigadores. Hasta hace poco, se pensaba que era increíblemente raro que los koalas bebieran líquido.

Caribú boscoso

Rangifer tarandus caribou

La nieve profunda de los bosques húmedos cubiertos de América del Norte ha mantenido alejados a los competidores del caribú boscoso. Pero el calentamiento de las temperaturas atrae a otros ciervos, y los lobos siguen, diezmando ansiosamente a la población de caribúes. Sus primos de la tundra – renos y caribús – también están amenazados por el cambio climático. A medida que el hielo marino desaparece a lo largo de su hábitat, se evapora, entra en la atmósfera superior como humedad y se convierte en lluvia intensa que se congela sobre la nieve, atrapando las plantas que comen debajo de una capa de hielo. Este ciclo vicioso del agua puede matar de hambre a decenas de miles de criaturas a la vez.

Pingüino de Adelaida

Pygoscelis adeliae

Con nidos construidos en terreno estéril y escarpado, los recién nacidos de esta especie ya tienen un duro comienzo a la vida. Pero el aumento de las temperaturas en la península de la Antártida occidental ha derivado en más nevadas y ha hecho de los charcos una vista más común, sumergiendo o inundando sus refugios ya expuestos. Los viveros fríos y húmedos pueden resultar fatales para los pollitos que aún no han desarrollado plumas adultas impermeables, suponiendo que los huevos no se congelen en charcos frígidos antes de que las aves tengan la oportunidad de eclosionar. El resultado: Las poblaciones en esta área están disminuyendo rápidamente, y los investigadores se preocupan de lo que el futuro podría brindar.

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