Escrito por Lic. Graciela Vallejo

Cuando una pareja decida casarse, deberá tomar determinadas decisiones que regirán su matrimonio a lo largo de la vida de este, ejemplo de ello será el régimen conyugal por el cual desean establecer su relación  matrimonial. Bajo este marco jurídico la Ley establece que el matrimonio debe celebrarse bajo el régimen patrimonial de sociedad conyugal o separación de bienes,  de los cuales se derivan las capitulaciones matrimoniales.

Pero desfragmentemos esta interpretación jurídica, por sociedad conyugal se entiende que es el régimen en donde se pacta que todos los bienes adquiridos durante el matrimonio, son responsabilidad y propiedad de ambas partes por igual, mientras que el régimen de separación de bienes se refiere a toda aquella adquisición que se haya hecho antes o después de contraer matrimonio  será de quien la hizo.

En este mismo contexto de ideas, las capitulaciones matrimoniales son pactos que los otorgantes celebran para constituir el régimen patrimonial que desean tener dentro de su matrimonio y así reglamentar la administración de sus bienes,  la cual recaerá en ambos cónyuges, salvo pacto contrario.

Lo relevante de estos regímenes es que al determinar la disolución del matrimonio, los cónyuges podrán apegarse a su pacto establecido en sus  capitulaciones matrimoniales, para poder hacer la división de sus bienes, sin ningún problema. La celebración de estas capitulaciones se pueden hacer antes del matrimonio o después de éste, de igual manera podrán modificarse durante la vida del mismo,  ante el Juez de lo Familiar o  Notario, mediante escritura pública.

Es importante decir que habiendo contraído matrimonio bajo cualquiera de los dos regímenes y a falta de capitulaciones matrimoniales,  se aplicara en lo conducente lo dispuesto por la ley, salvo lo establecido en el artículo 182 Ter y 182 Quárter, que mientras no se pruebe que los bienes y utilidades obtenidos por alguno de los cónyuges pertenecen solo a uno de ellos se presume que forman parte de la sociedad conyugal y por consiguiente corresponden por partes iguales a ambos cónyuges.

Por otro lado son propios de cada cónyuge, salvo pacto que conste en capitulaciones matrimoniales, los bienes y derechos que les pertenezcan al tiempo de celebrado el matrimonio y los que posean antes de este, así mismo los bienes que adquieran  después de contraído el matrimonio por herencia, legado, donación, o don de la fortuna, los bienes adquiridos por cualquier título propio que sea anterior al matrimonio, aunque la adjudicación se haya hecho después de este, de igual forma los bienes adquiridos con el producto de la venta o permuta de bienes propios, los objetos de uso personal,  los instrumentos necesarios para el ejercicio de la profesión, arte u oficio, y los bienes comprados a plazos por uno de los cónyuges antes de contraído el matrimonio.

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