Por: Allie Ann

Isabel I de Castilla creció en una época en donde se esperaba que las mujeres fueran parlanchinas, humildes, piadosas y vergonzosas, donde la educación estaba centrada en la danza, la música, las labores de aguja y la mayor importancia era el desarrollo de habilidades para la vida social. Dichos aprendizajes no fueron suficientes para la futura reina.

La educación de Isabel

A la muerte de su padre, la pequeña Isabel pasó su infancia en Arévalo con su hermano Alfonso y su madre, quien estaba sumida en una profunda depresión. Debido a las carencias económicas, fue educada por Gonzalo Chacón, un cortesano esposo de Clara Álvarez, camarera que influyó en su educación.

Desde joven, Isabel desarrolló el gusto por la lectura y la escritura, posteriormente aprendió a montar y a cazar. Consciente de ser firme candidata al trono, buscó rodearse de los mejores maestros para ampliar su formación.

Contraer matrimonio con Fernando de Aragón influyó decisivamente en su afán por aprender, Isabel anhelaba la completa educación intelectual del Rey Católico, por lo que comenzó a tomar clases de latín y reunió una amplia biblioteca de 400 textos, que más tarde dieron orígen a la biblioteca de El Escorial.

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Decidida a que sus hijas no crecieran bajo la misma situación, la reina implementó un estricto plan de estudios para ellas, mismo que seguía el heredero.

La Reina Católica es considerada como una de las monarcas más importantes, se esforzó porque las mujeres de su corte estuvieran bien formadas y que, al igual que ella, se convirtieran en personas cultas y capaces de valerse por sí mismas.

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