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Era 2005 cuando la famosa consultoría Goldman & Sachs publicó un informe d ella economía en el 2050. Avizoraba que, para ese entonces, el mundo, estaría dominado por Brasil, Rusia, India y China, a los que pusieron como acrónimo BRIC. Eran países enormes, con poblaciones grandes, países-continente. La perspectiva de su crecimiento llevó a que se organizaran reuniones y se lanzara una agenda conjunta entre los países. Más de diez años han pasado y los BRIC continúan sin despegar todavía todo su potencial. La semana pasada los líderes de esos países se juntaron en Xiamen, China, para hablar de temas relativos a la cooperación. ¿Qué ha sucedido con los BRIC? ¿Todavía son actores importantes en la economía mundial? Algunos datos al respecto:

Desde su formación, el centro neurálgico ha sido la dupla Rusia-China (RC). Con sus respectivos gobiernos, empantanados en asuntos de corrupción grave y decrepitud institucional, Brasil y África del Sur tienen poco que ofrecer, por el momento, a la dinámica de los cambios globales. Por su parte, las élites gobernantes de India no logran resolver el dilema existencial, entre poner el considerable peso del país a favor de un nuevo marco global cooperativo para el desarrollo compartido, en construcción acelerada a su vecindad, o mantenerse en un status quo.

   Las relaciones entre los países BRIC tampoco han estado exentas de problemas. En junio, Nueva Delhi y Pekín se involucraron en una querella en el remoto escenario de Doklam, en la triple frontera entre los dos países y Bután, en el que tropas de los dos ejércitos estuvieron frente a frente durante semanas, retirándose hasta finales de agosto. Vale la pena recordar que India ingresó recientemente en la Organización de Cooperación de Shangai (SCO, siglas en inglés), creada, exactamente, para sustituir las confrontaciones por el entendimiento con miras a un desarrollo compartido.

   Durante la cumbre, el gobierno chino, con apoyo ruso, estableció el lanzamiento para finales de año, de la Asociación Económica Regional Total (RCEP, siglas en inglés), establecida en el vacío dejado por la finada Asociación Transpacífica, iniciativa estadounidense enterrada por Donald Trump. Aunque propuesta por China, la RCEP cuenta con la participación de Japón, Australia, India y los diez miembros de la Asociación de naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).

   Por otro lado, el presidente ruso, Vladimir Putin, planteó la necesidad que el sistema financiero internacional dé la importancia debida al creciente peso de las economías emergentes. Los BRIC, a decir de Rusia, deben promover reformas de regulación financiera internacional y superar el excesivo dominio del limitado número de monedas de reserva. El mensaje es directo: el objetivo es la combinación dólar-petrodólar. Este anuncio se complementa con el hecho por China en la cumbre en la que prepara el lanzamiento de contratos de futuros de petróleo en yuanes y convertibles en oro, en las bolsas de Shangai y Hong Kong. Esto significa que Rusia, por poner un ejemplo, podría sobreponerse a las sanciones estadounidenses o europeas, negociando energía con sus propias monedas o yuanes. China es el principal consumidor de energía del mundo, así que aceptar la propuesta rusa de incorporar el yuan significa, a la par, una revolución a largo plazo en el mundo energético. La pregunta es si la nueva tríada (petróleo, yuan y oro) podrá revertir los bajos precios del petróleo.

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