Por: Allie Ann

Cuando se confirmó que las tierras a las que había llegado Colón eran un nuevo continente, se planteó darle nombre. Lo más lógico hubiera sido bautizarlo con uno que hiciera referencia directa a su descubridor; sin embargo, pasó a llamarse América por un mal entendido que hasta nuestros días se deja ver.

¿Quién era Américo Vespucio y por qué vamos a hablar de él? 

Así se llamaba el cosmógrafo florentino citado en las crónicas españolas de aquel viaje. Él se trasladó a Sevilla a finales de 1491 y principios de 1492 para trabajar al servicio de Juanoto Berardi, influyente armador y traficante de esclavos en la ciudad. Este personaje tenía influencias en la corte y así fue como les presentó a los Reyes Católicos al navegante Cristóbal Colón y Américo Vespucio.

En el segundo viaje a las Indias, el florentino acompañó al navegante con el pretexto de ser el agente comercial de Berardi, quien había dado provisiones a la flota para que se cumplieran sus intereses.

En los años siguientes, se dice que Vespucio realizó varios viajes por la zona costera de las nuevas tierras, trabajo y méritos por los que recibió el nombre de Piloto Mayor de la Casa de Contratación.

Para 1503 apareció un libro llamado Mundus Novus cuya autoría era de Albericus Vespucius, nombre latinizado que usó Vespucio para ocultar su identidad. Sus páginas contenían el relato de un viaje al Nuevo Mundo por encargo del rey de Portugal.

Por ser un tema que a todos les interesaba en aquel tiempo, el libro se difundió por toda Europa, incluso se tradujo a diferentes idiomas.

La polémica sobre el nombre

Vespucio se presentó en las páginas de su libro como el descubridor de las tierras nuevas. Esta mentira se repitió hasta quedar como una verdad irrefutable para los mal informados de la época.

Cuando el impresor Gauthier Lud publicó el libro Cosmographiae Introductio, el geógrafo y autor de la obra Martin Waldseemüller, incidió en el error concediendo a Vespucio la gesta de la llegada al Nuevo Continente, sin molestarse siquiera en citar a Cristóbal Colón.

En uno de los capítulos Waldseemüller hizo la sugerencia de bautizar aquellas tierras con el nombre de América, en honor a su descubridor. El resto de la historia ya lo conocemos.

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