Specia & González

Ahora revisemos el libro escrito por la tía abuela la Reseña Histórica de la Colonia Diez Gutiérrez San Luis Potosí y otras Colonias Ítalo-mexicanas” (2002) por Celia Constantini Spezia.

Ahí nos ilustra con lujo de detalle que los los Italianos radicados en México, han demostrado valentía, y cariño por esta su nueva patria, en nuestras guerras, adoptaron posiciones diversas, a favor y en contra, pero lo importante es que se quedaron aquí, como buenos mexicanos. Así las comunidades italianas, también vivieron una de las peores guerras de nuestro país, la sangrienta Revolución mexicana.

Al desatarse los primeros rebeldes, a los italianos de la comunidad en Ciudad del Maíz, en San Luis Potosí, se les avisó que se mantuvieran alerta por si cualquier ataque llegara a atormentarlos.

Saturnino Cedillo, Hijo de Amado Cedillo (originario de S.L.P.), peleaba por los pobres, y en 1912, a mediados de noviembre atacaron la Ciudad del Maíz. El prefecto regional se encerró en el palacio municipal con algunos de los colonos italianos, y los atacantes, al no poder apoderarse del palacio, saquearon las oficinas públicas y algunos comercios, para finalmente prenderle fuego al pueblo y huir.

Uno de sus compatriotas, les sugirió que dejaran San Luis potosí y que vinieran al Estado de México a trabajar con él, el señor Arcangelo Tazzer, era compatriota de los italianos, se asentó en el Estado de México, y tenía una hacienda llamada “Jaltipa”, y una casona estilo colonial a la que le llamaban “El muerto”. Fue entonces, que el señor Tazzer, esperó a los colonos de la Ciudad del Maíz, en carros tirados por caballos, los llevó a su hacienda, y ahí se les fue asignado un trabajo.

La vida que consiguieron ahí, era aún mejor, pues entre compatriotas, se daban la mano, al tener buenos tratos y con la mejor disposición de ayudarse. Continuaron trabajando duramente en el campo, hasta que terminó la Revolución, y el país entró en calma.

La gran mayoría de ellos, quiso regresar a sus tierras, aunque sabían que tendrían que empezar de nuevo, y fue así como después de despedirse, abordaron el tren de regreso.

Al llegar a su Colonia, se encontraron con las peores imágenes que alguien podría ver, eran sus casas, completamente destruidas, quemadas, y lo único que se conservó en pie, era la escuela y el templo.

Como a la mayoría del pueblo mexicano, esa visión les ocasionó sentimientos tristes y confusos, pero como buena ave fénix, resurgieron y se encontraron en su camino a Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas del Rio.