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Cómo estarán las cosas en el país que hasta el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) ha decidido preocuparse por la desigualdad del país. El ITAM, con fama de pertenecer a las escuelas defensoras del liberalismo económico, ha sorprendido con sus postulados, coincidentes, muchos, con instituciones como OXFAM, que está más que distante del ITAM en lo que se refiere al pensamiento económico. Según el estudio se puede destacar lo siguiente:

En poco más de una década, la riqueza total mexicana ha crecido a una tasa promedio anual del 8% y ha pasado de algo más del doble del PIB a más que cuadruplicarlo. En contraste, la economía mexicana creció un 2.6% anual en el mismo periodo, una cifra reducida para tratarse de un país emergente y en el que la población no deja de aumentar.

El 1% más acaudalado de la población mexicana posee la tercera parte de la riqueza nacional y el 10%, las dos terceras partes de los activos totales. En términos generales, la riqueza del país está en manos de cerca de 23,000 personas físicas o morales.

El problema no es la riqueza, ni cómo se genera: el problema es cómo se distribuye. La riqueza mexicana equivale a 80.6 billones de pesos, lo que quiere decir que si el monto total se distribuyese de manera equitativa entre todos los mexicanos, se tendría un patrimonio cercano al millón de pesos por persona, una cantidad “más que suficiente” para que tuvieran una vida holgada.

Hay un fracaso grave de toda la política laboral: uno de cada cinco mexicanos pasa hambre; el salario mínimo diario no es suficiente para alimentar a una familia y más de la mitad de la población no ingresa lo suficiente para comer correctamente y acometer los gastos básicos de salud, educación, vestido, vivienda y transporte.

México está entre los 20 países con más millonarios del mundo y entre los 15 en los que más personas no pueden alimentarse correctamente. La desigualdad se expresa en estos números: hay entre 125,000 y 200,000 personas que tienen más de un millón de dólares en patrimonio y en el que 800 mexicanos poseen activos por valor de 50 millones de pesos o más.

La inequidad aumenta cuando el foco se pone sobre los activos financieros. En ese caso, el 80% de la riqueza nacional está en manos del 10% más acaudalado. La explicación a este hecho es doble: por un lado, la mitad de la población no tiene ninguna cuenta bancaria; por otro, poco más de 200,000 contratos para operar en Bolsa suman una inversión de 16 billones de pesos, más de la quinta parte de la riqueza nacional.

La desigualdad no es algo que se exprese solamente en términos sociales. En el sector empresarial, el productivo, la distribución patrimonial es desigual: el 10% de las compañías mexicanas concentran el 93% de los activos físicos, mientras que el 90% restante (en su gran mayoría MiPyME’s) ostentan el 7% de los activos restante, lo que quiere decir que la mayoría de las compañías cuentan con muy pocos bienes de capital.

En la industria manufacturera cerca de 600 establecimientos concentran el 64% de los activos; en el comercio al por menor, 40 establecimientos de un total de 1.8 millones poseen la tercera parte de los activos físicos; en telecomunicaciones, 22 empresas de un total de 8,000 acaparan el 89% de los activos y en el sector financiero y de seguros, 73 instituciones suman el 76%.

Con las cifras anteriores, cómo esperamos que no haya una notable y desmedida desigualdad en el país.

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