Escrito por Marisol Adriana Solís Alarcón

La vida de las mujeres ejecutivas se colma llena de toma de decisiones, una de las más importantes justamente es esa, ¿ser o no una mujer ejecutiva?, para algunas otras se da de forma más natural y fluida ya que no nos detenemos a cuestionar esa interrogante, simplemente un día ya nos vemos involucradas en actividades propias de ello.

Independiente de que se haya tomado la decisión racionalmente o no, a partir de ese momento nos vemos inmiscuidas en una presión social indescriptible para lo que debemos estar preparadas emocional y físicamente.

Cada mujer ejecutiva tiene su propio estilo, su esencia, debemos buscar un equilibrio, es complejo pero no imposible y es que hasta que no nos detengamos a invertir tiempo y recursos en nosotras mismas, en conocernos, saber manejarnos y controlarnos es cuando notamos que vale la pena y que la solución a muchos de los supuestos problemas que tenemos día a día se encuentra enfrente de nosotras.

Decirlo es lo más sencillo, el arte está en tomar la decisión, tener fuerza de voluntad para actuar y mantener un estilo de vida basado en nuestra tranquilidad emocional, es un ejercicio de prueba y error, me refiero a que para llegar a encontrar el equilibrio en nuestras vidas probablemente tengamos que pasar por diferentes actividades y etapas.

Probar cómo nos gusta vestir, qué maquillaje utilizar, qué deporte practicar, en que nos vamos a especializar, el carro que queremos conducir, a donde queremos viajar, en qué círculos nos queremos involucrar la pareja que queremos tener, cuántos hijos y cómo los vamos a educar (Seguimos tomando decisiones).

Las actividades a realizar por una mujer ejecutiva (sin menospreciar a quienes deciden no serlo) son demasiadas, disminuirlas difícilmente se podría lo que si podemos hacer es trabajar en conocernos para facilitarlas y disfrutarlas, para ello debemos buscar un tiempo para nosotras, para relajarnos, dedicarnos y olvidarnos de todo lo demás, algo que realmente nos llené y nos haga sentir felices por al menos 1 hora a la semana (mínimo) cualquiera que elijamos, sin importar si alguien más la aprueba o no, hay que arriesgarnos a practicar aquello que nos llama la atención y que no hemos hecho por miedo al qué dirán, que importa si es aprender cocina, mecánica, electricidad, pole dance o macramé, lo realmente importante es hacerlo nuestro espacio y nuestro tiempo, con ello estaremos un paso más cerca de encontrar el equilibrio.