CASTILLO

En 1965 los Beatles, esos greñudos de Liverpool, se vieron en vueltos en la polémica por su canción Girl, en la que el coro repetía la palabra “tit”. Sirva esto para entender que el seno, pecho o -más castizamente- la palabra “teta” (aquella que utilizaron John y Paul en esa canción) conlleva desde hace mucho tiempo un gran debate. A cierto sector parece que le molesta que los pechos femeninos se exhiban. Basta recordar ese vídeo de 2015, donde una señora le gritaba a otra por atreverse a amamantar a su hijo en la banca de un parque público.

Evidentemente, esto sucede porque los senos están asociados a lo sexual. Y aquí reside uno de las principales paradojas de la sociedad contemporánea: hemos normalizado los escotes, los trajes de baño pequeños, la sexualización de la publicidad … pero si lo que se ve es el pedacito del pecho, el pezón, con el que una madre alimenta a su hijo, entonces se produce un gran escándalo.

Nuestro entorno refleja un mundo incierto: en la actualidad se hablamos más del valor estético de los pechos, que de su función como fuente de alimento. El tabú sigue existiendo porque la gente desconoce el proceso de amamantar. Es decir, organizamos un escándalo porque que el amamantamiento no se asume como el proceso natural que es. La gente acepta el embarazo, pero cierto sector no acepta lo que viene después. No se piensa que el niño o la niña está comiendo, sino que se trata de un asunto grotesco, que hay que hacerlo en la intimidad. En ese sentido, hasta es visto como un acto sucio. Descalificar a quienes lo hacen en público cae en la discriminación, porque es negar el derecho de la niña o del niño a alimentarse por el simple hecho de ser bebé. Además, es una cuestión exclusiva de género: el hecho biológico de la lactancia  es una condición fisiológica exclusiva a las mujeres a causa de un embarazo.

Se nos olvida nuestra propia condición biológica. El ser humano, en el árbol de la vida, está encasillado en la especie de los mamíferos; es decir, aquellos animales que se desarrollan en el vientre materno y, una vez que son alumbrados, se alimentan con la leche que su madre produce para ellos y almacena en sus mamas. De momento, tenemos una mala noticia para  todos aquellos que sienten vergüenza de su propia condición de mamíferos: la ciencia no ha logrado el proceso de conversión hacia otra especie, aunque los conspiracionistas hablen de los reptilianos. Siendo esto así, no queda otra más que aprender a convivir con lo que la naturaleza nos ha dado.