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Esta vez la realidad superó a la imaginación y a Hollywood. Lo que pasó en Turquía fue auténticamente una película de terror, asesinato, suspenso y traición. El famoso periodista del Washington Post, Jamal Khashoggi, el pasado 2 de octubre entró al consulado de Arabia Saudí en Estambul, y a partir de entonces, se ha desatado una crisis internacional.

Khashoggi jamás volvió a salir. Y ahí comenzó la historia. En los últimos días, a través de fuentes anónimas y según medios turcos, la Inteligencia de Turquía reveló que el pobre periodista fue descuartizado dentro del consulado por un comando de 15 agentes de Arabia Saudí, entre ellos un especialista en deshuesar humanos, que por si faltaba sadismo, recomendaba a los presentes ponerse audífonos para escuchar música mientras veían como desmembraba al escritor.

Las filtraciones apuntan a que son agentes del círculo íntimo del Príncipe Heredero de Arabia Saudí, Mohamad Bin Salman, que es el hombre que hoy controla ese país. Según los periódicos turcos, todo está grabado en un audio que registra incluso los gritos del periodista ya que lo habrían destazado vivo. Por si fuera poco, la Inteligencia de EE. UU., interceptó conversaciones que revelaban que el Príncipe Heredero había dado la orden de capturar al periodista, quien vivía exiliado en EE. UU. y Turquía por temor al príncipe mismo. Hasta ahí, la película de terror parecía que iba a tener un desenlace sangriento pero predecible, todo el mundo estaba poniendo el dedo acusador hacia a Arabia Saudí, hasta el propio Donald Trump, amenazó con castigos. Pero de pronto, el presidente de EE. UU. cambió. Comenzó a defender a Arabia Saudí después de hablar por teléfono con el rey saudí, Salman bin Abdulaziz Al Saud. Incluso dijo que los culpables podrían haber sido asesinos solitarios. Declaración que indignó a políticos estadounidenses que acusaron a Trump de convertirse en agente de Relaciones Públicas de los saudíes.

Además, CNN filtra que Arabia Saudí preparaba un informe donde aceptaría la muerte del periodista dentro de su consulado, la cual negó durante dos semanas. Medios mundiales apuntaban que se estaba preparando una coartada perfecta para limpiar el nombre del príncipe, al decir que miembros de la inteligencia saudí actuaron sin su autorización. Turquía de manera oficial no reveló ninguna prueba, solo sus medios de comunicación.

Los críticos dicen que era una movida diplomática para presionar a Arabia Saudí, e incluso para obligarla a conceder préstamos de bajo interés para rescatar la mala situación económica turca. Y que EE. UU. quería tener contenta a la monarquía saudí, porque no quería que se le escapara la venta de 100 mil millones de dólares en armas, además de pedir su cooperación para subir la producción petrolera para asfixiar a Irán ahora que el 4 de noviembre le impongan sanciones.

Una gran película: la verdad secuestrada, entre terrorismo estilo ISIS y los dólares. Hilary Clinton confesó que desde Arabia Saudí se financiaba a los terroristas. ¿Hay similitud entre el wahabismo, el terrorismo y la desaparición del periodista? Ya sin contar la masacre que los saudíes hacen en Yemen.

Jamal Khashoggi, nació en Arabia Saudí. Criticó al Príncipe Heredero por asesinar la libertad de expresión en su país. El príncipe le había dado permiso a las mujeres de manejar coche para decirle al mundo que la nación estaba cambiando, y así atraer inversiones, pero Khashoggi quería cambios de fondo verdaderos.