PENSARC

Disfruto enormemente cuando a mis estudiantes de máster en Bioinformática les introduzco en la teoría de la evolución. La mía es una asignatura no obligatoria y solamente aquellos estudiantes que han cursado grados no relacionadas con las ciencias de la vida, fundamentalmente matemáticas, física, ingenierías varias, o algunos otros que sí han cursado grados de aquel tipo pero que no han estudiado materias relacionadas con la evolución biológica, son los que suelen acudir a mi curso.

Lo pasamos realmente bien porque a través de una serie de preguntas que les formulo o la exposición de ciertos ejemplos ilustrativos, me doy cuenta de que les abro un mundo totalmente nuevo para ellos, donde les hago ver cómo la biodiversidad del planeta, pasada y presente puede ser explicada en una forma coherente. Probablemente debido a la experiencia enseñando evolución, sé casi sin lugar a duda dónde se encuentran las ideas fundamentales a transmitir, siempre bien adobadas con la información de unos cuantos experimentos ejemplares determinantes o resultados bien escogidos relativos a la investigación de los registros de la historia de la vida a todos sus niveles de organización.

Es precisamente con la enseñanza de la evolución que uno entiende la verdad de aquello que el zoólogo Ernst Mayr sostenía, a saber: que la biología es una disciplina autónoma. ¿Autónoma con respecto a qué? Su tesis se plantea frente a la consideración de la física cómo modelo de ciencia prototipo.

Mayr, y luego muchos otros que le siguieron, particularmente filósofos de la biología, creen apreciar en la biología unos componentes particulares que la caracterizan diferencialmente frente a la física, sin por ello perder un ápice de ciencia genuina. No crea, querido lector, que esto ha sido tarea fácil de demostrar a la colectividad científica. Son precisamente esos componentes los que yo me afano por explicar y que, por otro lado, tanto atrae a los estudiantes, particularmente los que proceden de ciencias no biológicas. Lo voy a ilustrar con dos ejemplos a modo de pincelada: el análisis filogenético y el pensamiento poblacional.

El estudio del árbol de la vida a través de los métodos filogenéticos, la posibilidad de reconstruir el pasado evolutivo no solo es una herramienta fundamental de la ciencia evolutiva, sino que constituye una especie de bandera definitoria de la propia biología. El árbol de la vida es un icono de lo vivo, algo a lo que el profesor acude con asiduidad cuando quiere mostrar la relación que existe entre los seres vivos o sus características. Obviamente ya se parte aquí del hecho de la evolución, pero no deja de sorprenderme la poderosa atracción que tiene poder vincular los entes a través de una representación tan elemental.

La otra gran herramienta, con una poderosa idiosincrasia que tan bien caracteriza a lo vivo es el denominado –a Mayr se lo debemos también- “pensamiento poblacional” frente al “pensamiento tipológico”. Pensar la evolución desde la perspectiva de poblaciones cambiantes, así como disponer de herramientas conceptuales y matemáticas para ello, nos aproxima a lo vivo mucho más que cuando consideramos a los entes biológicos como individuos defectuosos pertenecientes a su especie y que se aproximan al tipo ideal que se supone la evolución define en una forma esencial. Trascender ese platonismo de las formas ideales es fundamental para poder entender cómo, por evolución, se ha podido pasar de unos organismos a otros, por muy diferentes que pudieran parecernos en un principio. El pensamiento poblacional es darwiniano; el pensamiento tipológico, con independencia de su utilidad en la sistemática de la vida, es pre-darwiniano, pre-evolutivo.

El estudio de la evolución puede presentarse en clave de controversias entre escuelas y tradiciones; creo que es muy buena estrategia de enseñanza de la ciencia. La ciencia es dinámica, y la enseñanza de la evolución biológica no es ajena en modo alguno a ese dinamismo, porque se puede apreciar muy bien cómo ha habido confrontación de teorías, antes y después de Darwin, pero también cómo se han creado síntesis integradoras para darnos una visión más completa del hecho evolutivo, y cómo todavía siguen existiendo terrenos inexplorados o cuestiones que reclaman nuevas o mejores explicaciones.