En 2015 y 2017, Fast and Furious y Rogue One : A Star Wars Story tuvieron algo en común: una de sus estrellas no había actuado realmente en el film sino que había sido reemplazado por un doble y retocado con un poco de magia digital. Las razones fueron muy distintas. Por un lado, Paul Walker perdió la vida durante la producción de Fast and Furious 7 mientras que Rogue One debía mostrar a la Carrie Fisher de 1977 en un film del 2016 para mantener la coherencia del guion.

Dos éxitos tecnológicos que, sin embargo, abrieron un debate sobre la inmortalidad digital en el cine y la posibilidad de que se vuelva una práctica normal en Hollywood. En abril supimos que Lucasfilm ya había “escaneado” a todos los actores principales recientes de Star Wars, como una medida de precaución.

Cuando los actores empiezan a ser photoshopeados y se venden entradas para un concierto del holograma de Amy Winehouse, es momento de plantearse hacia dónde va el futuro. La muerta ya no implica el final de una carrera en el entretenimiento. Nada más cierto. Incluso existe ya un mercado de la preservación digital de actores y actrices, prueba de ello es un excelente artículo publicado en el MIT Technology Review el 16 de octubre.

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Dos días y un millón de dólares

El artículo habla particularmente sobre una empresa de efectos especiales en California, Digital Domain, quienes además de trabajar en los efectos especiales de films como Infinity War o Ready Player One – proponen un servicio de digitalización de celebridades. Obviamente no conocemos ni la lista de clientes ni sus tarifas, sin embargo, sabemos que la empresa ya “escaneó” a entre “50 y 60 personas” y que el costo por este procedimiento puede ser hasta de un millón de dólares.

Una tontería comparado con lo que ganan muchos de los actores de Hollywood. Sin embargo, hay que decir que hay algo desconcertante con la posibilidad de la inmortalidad mediática.

Para inmortalizar fielmente en el tiempo a sus clientes, el equipo de Digital Domain utiliza un centenar de LED acomodados de forma esférica, los cuales permiten capturar y descomponer el rostro en fragmentos de alta definición con una precisión absoluta.

Estos LEDs pueden después cambiar de color a voluntad para recrear diferentes condiciones de luz al interior o exterior. El rostro también es filmado para captar los movimientos, las expresiones faciales y todos los detalles que evitarán que el clon digital parezca un Playmobil. La operación toma alrededor de dos días.

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El fotorealismo ya no es un problema

La prioridad de este tipo de procedimientos es evitar a toda costa el “valle inquietante” en el que tanto realismo genera un rechazo por parte de la audiencia. Es un resultado raro pero que puede producirse a pesar del dinero invertido. Tal fue el caso de Peter Cushing quien murió en 1994 y volvió a la pantalla también en Rogue One.

Contrario a lo bien recibidas que resultaron las apariciones de Carrie Fisher o de Paul Walker, la de Cushing generó reacciones encontradas. Era lógico puesto que el “material” que se utilizó de él databa de más de 40 años por lo que en realidad lo que se generó fue un trabajo de restauración…

Atención porque tal parece que cada vez seremos menos capaces de discernir entre los actores de carne y hueso y sus versiones digitales. Bueno, de eso a ver los mismos rostros durante medio siglo o ver a Leonardo DiCaprio ganando Oscares incluso después de su muerte, esperamos que eso jamás llegue a suceder. Sin embargo, hay que decir que tomando en cuenta la fascinación de Hollywood por los reboots, la tentación será muy grande para los estudios.