La Caravana Migrante está integrada por entre 5,000 y 10,000 personas. Unas 2,500 ya regresaron a Honduras y Guatemala, pero hace apenas algunos días otro grupo de personas salió desde El Salvador. Un rápido apunte sobre este drama: nadie deja su casa, su familia, su cotidianidad, su tierra, su aire y su agua por gusto. Lo que se está viviendo en muchas partes de Centroamérica -como también de México, no lo negamos- es una verdadera tragedia humanitaria.

¿Cuánto sufrimiento -por sufrimiento queremos decir: caminar horas bajo el sol, la lluvia, con hambre y sed, a merced de quien sabe qué, a la par del acecho de cárteles y mafias- es capaz de soportar una persona? ¿Qué tipo de esperanza alberga para que, a pesar de todo eso, se arriesgue junto con sus seres queridos? Justamente, derivado de esta pregunta es que tenemos que preguntarnos sobre las niñas y los niños que están en la Caravana.

¿Están bien? ¿Es su lugar una caravana migrante? La primera pregunta es más fácil que responder que la segunda, que implica una discusión de corte ética que no siempre coincide con la realidad. Pero es verdad que, derivado de los múltiples tratados de Derechos Humanos y de las Convenciones sobre derechos de la Infancia, todas las niñas, niños, adolescentes tienen derecho a la movilidad humana, así como a solicitar asilo y refugio, con el fin de garantizar su protección y bienestar.

Entonces, a partir de ahí, podemos enarbolar una serie de carencias al actuar del gobierno de Peña Nieto y de José Ramón Amieva, a través del  Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) tanto federal como local. A nuestro juicio, a la labor del gobierno mexicano le ha faltado una serie de acciones importantes. A saber:

  • El Estado mexicano no ha implementado medidas que garanticen en todo momento el Interés superior de la Niñez, tal cual lo dice la Ley y lo estipulas diversos instrumentos internacionales. Al respecto, poco se ha hecho para contar con el respaldo de las Naciones Unidas (tanto de la UNICEF como del Alto Comisionado de Derechos Humanos).
  • Debe colaborarse en todo momento con la sociedad civil organizada, puesto que ahí se tiene una mayor formación de personas en cuanto a la atención infantil. Es un tema de sensibilidad, las organizaciones poseen múltiples enfoques: enfoque de derechos, trato digno, no discriminatorio y amistoso. Dicho esto, si deben ser las autoridades migratorias las encargadas de definir las actividades.
  • No se sabe a ciencia cierta si se puede garantizar el derecho a la identidad de las niñas y los niños. Eso es extremadamente importante porque bajo ninguna circunstancia deben ser separados de sus familias. Se tendrían que tener formas de verificar si, entre tantos casos, no hay trata de personas y tráfico ilegal de menores. Un tema, en extremo delicado. En el dado caso de detectar a niñas o niños que viajan solos, deben implementarse mecanismos de protección especial, siguiendo los protocolos ya establecidos, que priorizan la no detención.
  • Parece que ha hecho falta mucha articulación de los Sistemas de Protección Federal, Estatal y Municipal. Eso reduciría mucho la carga de trabajo: niños o niñas separados de sus familias, niñas o niños perdidos, atención y apoyo en casos de violencia sexual.
  • Hay que supervisar y monitorear los albergues, implementando en ellos espacios amigables para la Niñez.
  • Por último, pero no menos importante, se debe comunicar de forma clara, transparente y amigable a todas las niñas, niños y adolescentes que integran la caravana migrante sus derechos fundamentales.

Como ya hemos dicho, nuestro país debe mostrar sensibilidad extrema: la ruta migratoria es insegura y llena de peligros y lo es más para aquellos indefensos. También, debemos tener en cuenta que al retornar, los niños, niñas y adolescentes migrantes encuentran las mismas condiciones que los forzaron a huir: pobreza, exclusión y violencia.

Lo que menos deseamos, los que estamos por la Cuarta Transformación, es que nos acusen de ser inmunes al sufrimiento de los demás y, en particular de las niñas y niños del mundo.