Aunque poco más de 57.8 millones de mexicanos registrados en el Padrón Electoral no votaron por Andrés Manuel López Obrador, el Presidente de la República -que lo es por el respaldo de 30 millones que confían en él y esperanzados esperan que el cambio sea una realidad- inicia su gobierno con una aceptación de 66%, 18% de rechazo y la indefinición de 16% (encuesta del Financiero 26-11-18).

Mantener e incrementar esa popularidad dependerá de que las cosas le salgan bien y del avance en el cumplimiento de las promesas, principalmente las más perceptibles, porque lo que quiere el pueblo que no se equivoca, es mejorar su nivel de bienestar familiar, un salario suficiente, reducción en precios de alimentos, gas, electricidad y gasolinas, menor inseguridad, empleos permanentes bien pagados, servicios universales de salud y educación, protección a la población vulnerable y erradicación de la pobreza. ¡Casi nada!

Su antecesor, Enrique Peña Nieto inició con 55% de opiniones positivas y terminó con una desaprobación de 69.2% a causa, esencialmente, de la corrupción y la impunidad. En campaña López Obrador escuchó el clamor ciudadano contra  el ofensivo saqueo de las arcas municipales, estatales y federales, y se comprometió a castigar a funcionarios y gobernantes deshonestos.

Esa fue su bandera. Ahora, no obstante, magnánimo, otorga el perdón a los corruptos anteriores al 1 de diciembre porque la venganza no es lo suyo. Pero el presidente se equivoca al creer que aplicar la ley es un acto de desquite y, parece no entender, que al no aplicar la ley incurre en un acto de impunidad.

Contra el gobierno anterior hay denuncias por desfalco y mal manejo de dinero público que no se deben ignorar so pena de provocar desilusión en la gente y pérdida de confianza.

Con el perdón que hizo oficial al asumir la presidencia, López Obrador incumple el más importante compromiso de campaña, sancionar la corrupción. Dice que va a hacer de su presidencia la más honesta, porque él es decente y siguiendo su ejemplo todos los servidores públicos lo serán y trabajarán con decoro, empero la impunidad que otorga abre dudas sobre la honestidad valiente que proclama. Por si acaso se le ponen difíciles las cosas, el presidente tiene prevista una consulta para que sea la ciudadanía la que decida si se persigue a corruptos del pasado.

AYOTZINAPA.-La verdad es revolucionaria, es cristiana; la mentira es reaccionaria, es del demonio, expresó el presidente Andrés Manuel López Obrador, tras firmar el acuerdo para crear la Comisión de la Verdad que investigará el caso Ayotzinapa. Esta comisión tendrá amplias facultades para llegar a la verdad y hacer justicia, “no habrá impunidad”. Esto es asunto de Estado. Para los testigos garantiza protección a efecto de que den a conocer todo lo que saben y se llegue al fondo del asunto. A la verdad.

DESLUMBRADO.- A unas horas de que le entregara la Banda Presidencial en el recinto de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Mesa Directiva, definió a Andrés Manuel López Obrador como un “auténtico hijo laico de Dios y un servidor de la patria”. El Universal dio cuenta de que en su cuenta personal de Twitter el legislador escribió que el presidente “se mostró con una convicción profunda, más allá del poder y la gloria. Se develó como un personaje místico, un cruzado, un iluminado”.

JEFA.- Convencida de que la policía está para cuidar al pueblo y (que) no se requieren cuerpos para reprimirlo, Claudia Sheinbaum Pardo ordenó la desaparición definitiva del Cuerpo de Granaderos. Tras rendir protesta en el Congreso de la Ciudad de México como jefa de Gobierno, en presencia del presidente Andrés Manuel López Obrador, instruyó a la Secretaría de Seguridad Pública local para que proceda e incorpore a los granaderos a los grupos existentes o que se crearán para la protección de los ciudadanos.