PENSARC

He tenido oportunidad de visitar buena parte de los países iberoamericanos -incluyendo Portugal y España- y comprobar la enormidad del mundo que supone la cultura colectiva que recogen. Pues bien, la ciencia es un elemento más que añadir a ese carro de la cultura, tal y como lo denominase Santiago Ramón y Cajal, nuestro monumental científico padre de la neurociencia.

La expresión de Ramón y Cajal que ha quedado registrada en la historia ha sido la siguiente: “Al carro de la cultura española le falta la pata de la ciencia”.

Pero la frase exacta, que pronunció en 1926, con motivo de la inauguración de su monumento en el Parque del Retiro de Madrid es mucho más interesante; dice así: “Por tener averiada la rueda de la ciencia, la pomposa carroza de la civilización hispana ha caminado dando tumbos por el camino de la historia”.

Una excelente metáfora porque un carro a duras penas se mueve con estabilidad si le falta una de sus cuatro patas. Y la cultura, la cultura iberoamericana, se mueve, se debe mover. La calidad de una sociedad tiene relación directa con sus logros culturales y su mantenimiento. Pues hete aquí que, si la ciencia no está como pata de ese carro, la cultura no se mueve con la velocidad apropiada.

Pero permítame querido lector que le hable de la cultura iberoamericana y de la ciencia dentro de ella. No voy a ser yo quien diga que esa cultura es pura entelequia y que lo que existe en Iberoamérica son culturas particulares. No estoy en contra de semejante pretensión, por otro lado. Pero cuando se mira con perspectiva uno aprecia que el conglomerado cultural iberoamericano existe y que su amalgamiento es natural; no cuesta, no hay que hacer nada especial para observar la enorme cantidad de elementos comunes aglutinantes.

Ciertamente que hay que avanzar en ese programa, lograr, tal y como se promueve en Europa, una Europa de los pueblos. Probablemente el nacionalismo iberoamericano es menos beligerante contra la idea de una cultura iberoamericana que el europeo. Europa ha tenido que avanzar más rápido porque ha sufrido dos tremendas guerras mundiales recientes y por ello se ha afanado en construir, sigue construyendo, una cultura que trasciende, a la par que integra, la enorme variedad del conglomerado cultural de los pueblos europeos.

Pues bien, sorprende ver, o al menos a mí me lo parece, lo mucho que se tiene ganado en Iberoamérica en esta su pretensión de una cultura iberoamericana aglutinadora, integrativa y amalgamada. Por algo será, a pesar de que las circunstancias más recientes de la historia de los pueblos iberoamericanos no fuercen tanto a sus dirigentes políticos a promover la cultura iberoamericana como un todo. Pero es relativamente fácil, o mucho más fácil lograrlo que en Europa, que tantos paralelismos tiene con Iberoamérica.

Regresemos a la ciencia. Si ya de por sí tenemos un tesoro cultural amalgamado en Iberoamérica, la incorporación de la ciencia a ese carro cultural es relativamente sencillo. Porque la ciencia, el lenguaje que la vehicula, es más universal si cabe que el resto de patas del carro cultural, el formado por los otros saberes. El fomento de la ciencia desde los diferentes estados iberoamericanos, así como desde instancias supranacionales iberoamericanas, es algo que debería caer por su propio peso. La ausencia o el enlentecimiento de esta acción promotora debe ser analizados críticamente. Algo existe en el ambiente cultural –la ciencia incluida- en Iberoamérica que impide una adecuada acción a favor de la ciencia universal.

Siempre he manifestado que la ciencia será universal cuando sea practicada por todos y cada uno de los pueblos del mundo. Pero esa tarea se facilita cuando se identifican culturas concretas que han evolucionado hasta formar parte de culturas más generales e integradoras. Todo a su tiempo, es verdad, porque son las propias naciones las que impiden por su organización e inercia superarse a sí mismas y caminar hacia dominios nuevos, pero que son propios y naturales: la de culturas supranacionales amalgamadas con naturalidad evidente. La ciencia va de la mano de ese proceso.