CASTILLO

Para nadie es un secreto las condiciones en las que vivimos las mujeres en la Gustavo A. Madero, lo que padecemos al caminar por sus calles, el acoso al que nos someten en el transporte público, el miedo atroz a una calle oscura. Ninguna de estas lamentables circunstancias las padecen los varones, por lo que podríamos decir que en la Alcaldía venimos padeciendo una grave desigualdad de género … al menos en lo que se refiere a la inseguridad.

Con todo esto en mente, y con el objetivo de hacer esta desigualdad patente, se nos hizo buena idea organizar 16 días de activismo en la Alcaldía (del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, hasta el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos). El ejemplo que seguimos fue el de las Naciones Unidas, con sus 16 días de activismo naranja en las mismas fechas.

Al respecto, ahora que ha pasado un tiempo, es pertinente abrir el debate sobre lo que nos han enseñado esos días. Primero que nada, lo que promovimos fue un activismo feminista. Y sabemos que el término no gusta y está sujeto a un gran debate. Hay que decir, entonces, que el feminismo -entendido como la defensa de la mujer- no puede ser una actitud contemplativa ni puede permancer inmune a la condición de las mujeres. Si no gusta es, precisamente, porque en el fondo se sabe que somos sujetas a discriminación. Como su propio nombre indica, el activismo feminista supone acción permanente, movilización, dinamismo y un compromiso incondicional con la defensa de sus principios. ¿Qué principios son esos? A la reivindicación y la defensa de derechos se le suman un conjunto de elementos , a saber:

  • Replanteamiento de valores sociales. El activismo feminista se plantea como meta una nueva jerarquización de los valores sociales, que casi siempre han sido diseñados por hombres. Las mujeres deben participar en este replanteamiento y asumirlo como tal.
  • Generar conciencia sobre el rol de la mujer en el siglo XXI. Internet y las redes sociales han contribuido a la democratización y a la defensa de los derechos fundamentales, incluidos los de las mujeres. La mujer debe saber cuál es el papel que jugará en los siglos venideros y cómo generar conciencia de ello.
  • Actitud crítica ante el poder tradicional. El poder ha estado en manos de los hombres desde la antigüedad. Por ello, el activismo feminista procura ganar espacios en este ámbito y dar más visibilidad a las mujeres.
  • Nuevas vías de desarrollo personal. Rotas muchas barreras, las mujeres tienen ante sí nuevas posibilidades de desarrollo personal e individual. Dicho desarrollo ya no depende en exclusiva del hombre.

En última instancia, lo que se pretende es la defensa de los derechos de las mujeres y todo lo que tenga que ver con su autosuficiencia y desarrollo personal, que son otros dos principios irrenunciables del movimiento feminista. Esperemos que los actos realizados en los últimos días abran la puerta a una nueva era feminista en nuestra Alcaldía.