Por: Miguel Angel Maciel González

Desde que ocurrió el suceso de Tlahuelipan Hidalgo, donde  el conteo oficial hasta hoy domingo por la noche suma 85 decesos por la explosión e incendio en un ducto de gasolina, he leído y escuchado en los medios de comunicación tradicionales, en las redes sociales y en conversaciones informales fuera de esos espacios al menos tres ideas que me gustaría poner como punto de reflexión: la del “sentido común” que no tuvo la gente y aquella en la cual la pobreza no “justifica” el robo de combustible. Estos aspectos que pudieran ser distintos, convergen en aquello que no queremos ver, o no nos interesa o simplemente desconocemos y es una nación diluida.

Comencemos por el “sentido común”. Muchos creen –como parte de la fantasía de vivir marginados del conocimiento y la discusión filosófica y científica– que al nacer –desde el punto de vista biológico– traemos  integrado un chip, el cual indica como semáforo en verde y en rojo lo correcto o lo incorrecto o que por obra espontánea en forma personal vamos “sabiendo” cómo actuar para no dañarnos a nosotros y a terceros, es decir, en pocas palabras, decidir y comportarnos “civilizadamente”, resulta un problema de cada uno y basta con la buena voluntad o con el “cambio” está en uno, para justificar las terapias de autoayuda o la inteligencia emocional de moda para muchas almas caritativas.

No obstante, no es así, no advertir el riesgo de bañarse en hidrocarburo, retar a los militares y burlarse de los demás, no habla ni de ausencia de un sentido común “natural”, ni de la falta del club de los optimistas. Si se quiere saber una forma de comprender ante lo que estamos, veamos lo siguiente: para dimensionar el peligro o la amenaza, es necesario haber aprendido por un lado, la existencia de límites y, por otro, lo que se conoce como “la ley de la palabra”, esto significa, normas que conllevan dimensiones políticas, legales y éticas para la convivencia. Esto, haber sido instruidos en el sentido de que hay instituciones organizadas exprofeso para no caer en conductas suicidas o criminales.