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Han desaparecido los roles tradicionales, de los que tanto nos hemos quejado las mujeres, en los que el hombre era el proveedor y la mujer una administradora doméstica que, en la mayoría de los casos, no era mucho más que otra dependiente económica que renunció a su desarrollo personal en aras de una falsa seguridad que la ponía en una posición de dependencia económica y emocional.

Cada vez es más común que las mujeres tengan mayores salarios que su pareja y es cada vez más común que ellos asuman esta realidad. Algunas veces con el conformismo del atenido, en otras como un hecho derivado de la mayor capacidad de ellas.

Así, bien vale la pena preguntarnos cuáles deben ser los roles en las parejas modernas. El cliché habla de compartir las tareas domésticas, ser un equipo y, en la medida de las posibilidades de cada uno, aportar a las necesidades de la pareja. Eso suena muy bien, pero aplicarlo es muy difícil.

Hemos sido educados de una forma equivocada en la que, según la tradición católica, el hombre le entrega arras a la mujer para demostrar que será un buen proveedor y ella dice que las recibe en símbolo que cuidará los bienes de la casa.

Me ha tocado ver escenas francamente ridículas de la mujer que le pasa la tarjeta de crédito para que él pague cuando están con amigos o familia; cuando él dice que es un empresario a punto de desarrollar un gran programa o que está a punto de escribir una novela que revolucionará las letras mexicanas. Mientras tanto ella trabaja y es responsable de la manutención mientras se esta gestando “su genio creativo”.

Sin embargo, esta nueva realidad ha generado una nueva forma de familia en la que él es quien asume los roles tradicionales de la esposa como ir a recoger a los niños, llevarlos al karate o la clase de natación. En tanto, ella va a reuniones y comidas de trabajo puesto que su agenda es netamente profesional.

Aquí el punto es cómo se maneja la dinámica al interior de la pareja. Hay mujeres quienes creen que ahora son el macho y tratan a su pareja como si fueran floreros o el hombre que resuelve sus frustraciones siendo un controlador al que ella tiene que reportarse como si estuviera en libertad provisional.

El tema, al menos hasta el momento, no se ha ventilado. Ha llegado el tiempo de sacar este tema del clóset. Los escucho.