VIDRIO

Sería un lugar común decir: “México, tiene muchos méxicos en sus entrañas”, no obstante cuando por un lado, se observa la fuerza letal que pueden ser esas realidades para la estabilidad y la gobernabilidad de un país y, por otro, resulta irreconocible el primo, tío o vecino de nuestra comunidad, cuando son capaces de justificar conductas criminales y suicidas. Esto se menciona pues el día 20 de enero, el periódico Excélsior publicó una nota del sentir de padres y madres sobre la situación de sus familiares en la explosión de Tlahuelilpan.

Llama la atención dos declaraciones hechas: una en la que algunos mencionaban: “Ya fueron juzgados por Dios, con eso basta”. Otra de Ruth Saucedo Ruiz pobladora de la región: “A todos nosotros nos están llamando rateros, que somos delincuentes. Hay personas honradas, pero muchas personas viendo la barca abierta pecamos” . En ambos puntos de vista cabe hacerse dos preguntas:

¿Cómo han vivido estas personas en un contexto en dónde en apariencia existe una república con leyes civiles y no divinas? ¿Si Dios es “autoridad” y está en “todos” lados, por qué permite que “pequemos”? Se puede pensar en primer lugar, que la inocencia de la gente les ha impulsado a decir esta serie de cosas, que es sólo una anécdota de ese pueblo cándido y sincero, el cual abre así su corazón y sus sentimientos, esto suena romántico. No obstante, en segundo lugar, se diría: ignorancia, torpeza, perversión y/o locura por parte de un conjunto de maleantes que ya ho hayan como justificarse.

No obstante, propongo una tercera; que tiene dos partes; en una se aplica el principio holográmico de Edgar Morin: “el todo está inscrito en la parte”. De tal suerte, los discursos de ese puñado de habitantes es el reflejo (quizá alarmante), de una ¿nación?, la cual está posicionada en una providencia y no en un estado de derecho. De tal manera, palabras como patria, estado y nacionalidad, no tienen sentido, tampoco aspectos como ley, identidad o projimo. Al no haber eso, lo que existe es el “infierno del más fuerte”. No como principio de fortaleza física, sino a nivel de qué quien no esté con Dios, no solamente no debe ser tomado en cuenta, sino además; exterminado. De tal suerte hablar de “proyecto de nación”, resulta inservible, ilusorio y hasta grotesco, al menos antes de la llegada del nuevo gobierno.

La otra, implica el hecho de que usar conceptos como juzgados por Dios o pecar, representa “castigo”, de ahí un Dios de Hierro, el cual representa no sólo la dureza, la perdurabilidad y sobre todo lo cruel. Entonces existen zonas de nuestra realidad que viven con la idea de premio o penitencia. De ser así, el fierro divino, representa no lo bondadoso, sino lo malvado; Dios y Satanas en una aldea mexicana donde la ilusión de la justicia legal pende de la espada de un Creador. Por ello urgente reconstituir el tejido social como esfuerzo ciudadano.