BIALIK

Matar es un verbo que significa quitar la vida. Pero se le utiliza en tan distintos contextos como en el juego – donde una carta, o una pieza “mata” al resto y gana. Destruye algo inmaterial, como “matar el amor”; incomoda y causa molestia como en “me mata tu silencio”… Se dice que se “matan dos pájaros de un tiro” al lograr dos objetivos de una sola vez. O bien, al alimentarnos, “matamos el hambre”, aplacando una sensación incómoda y desagradable.

Y una expresión, tal vez la más común y no sólo como expresión sino también como acción, es la de “matar el tiempo” ¿Qué significa? Es ocupar el tiempo – esa magnitud física que nos sirve para medir y cuantificar la duración de los acontecimientos- en una actividad cuyo fin es evitar el aburrimiento, entretenerse.

Ha sido fuente de inspiración para diferentes formas artísticas. En Literatura, se han escrito infinidad de cuentos breves intitulados así, “Para matar el tiempo” o libros “Para matar el tiempo” de García Márquez (no Gabriel, sino Eligio); obras teatrales con el mismo nombre, de Carlos Gorostiza.

Películas, como la española “Matar el Tiempo” ganadora del Festival de Málaga (2015), que aquí el concepto de que el orden de los factores no altera el producto, (es igual 6 X 8, que 8 X 6, cuyo resultado es igual a 48) el título de la otra película americana “Tiempo de Matar” donde el orden de las palabras sí que altera el contenido. Matar el Tiempo, o Tiempo de Matar…

Copia de raquel Bialik

Es normal tomarse descansos de las actividades cotidianas; paréntesis que nos revitalicen. Son respiros. Pero hay que cuidar que el “matar el tiempo” no se nos convierta en un hábito y que la ociosidad – que se dice madre de todos los vicios – ese estado de holgazanería e inclinación a la inactividad, pérdida de tiempo gastándolo inútil y rutinariamente, nos acabe dominando.

Filósofos y escritores de todos los tiempos se han preocupado en ello. Henry David Thoreau, norteamericano y autor de Walden ya decía que no podemos matar el tiempo sin herir la eternidad. Y Voltaire al decir que el hombre ocioso sólo se ocupa en matar el tiempo, sin ver que el tiempo es quien nos mata. Y, más me gusta citar al sabio Albert Einstein quien dijo que hay miles de maneras de matar el tiempo, pero nadie sabe cómo resucitarlo. Por lo tanto, utilicémoslo, sin matarlo…

*Raquel Bialik, Antropóloga Social, estudió en la Universidad de California (Berkeley) egresada de la ENAH, El Colegio de México, Directora de Agorabi, Lugar de Encuentro (Tepoztlán, Morelos). Consultora de instituciones públicas y privadas, autora de capítulos y libros nacionales e internacionales especializada en Antropología Médica, Tercera Edad y Asistencia Social. Colaboradora de la Revista Ser Mayor.

e-mail: agorabi16@gmail.com