PENSARC

Cuando se lee el término “simbiosis” lo primero que se nos viene a la cabeza es que hay una relación beneficiosa y reciproca entre los simbiontes. En el diccionario de la Real Academia de la Lengua “simbiosis” se define como “asociación de individuos animales o vegetales de diferentes especies, sobre todo si los simbiontes sacan provecho de la vida en común”. No es una mala definición, aunque hay que revisarla dado que lo más habitual no es la asociación de animales con animales, animales con plantas o plantas con animales, sino más bien animales o plantas con microorganismos. Se echa de menos en la definición la incorporación del mundo microbiano, pero es relativamente fácil hacer una reformulación. Simbiosis sería la “asociación de individuos de diferentes especies, sobre todo si los simbiontes sacan provecho de la vida en común”.

Por otro lado es muy acertada la noción de “sacar provecho de la vida en común”. En efecto es ahí donde generalmente todos coincidimos al pensar que si la relación es simbiótica es porque es beneficiosa para los miembros que forman parte de la asociación.

La historia del término es fascinante. Aquí voy a hacer algunas observaciones. La primera de ellas es que la simbiosis comporta una relación de vida en común muy estrecha, por no decir permanente. Los organismos de especies simbiontes viven juntos buena parte de sus vidas. La cosa puede llegar al extremo de que sean tan inseparables que cada uno de los descendientes de los simbiontes se asocian de nuevo para seguir la simbiosis en la siguiente generación.

La segunda observación es también muy relevante; en efecto, los simbiontes se benefician mutuamente. Algo se suministran entre ellos que se hacen imprescindibles los unos a los otros. Advierta querido lector –y esta es mi tercera observación- que estoy tratando de evitar mostrar que la simbiosis sea solo cosa de dos. Puede que sea lo más habitual en la naturaleza, pero en esto de la simbiosis pueden intervenir más de dos.

Dos consideraciones más que les planteo para su reflexión. Una está estrictamente relacionada con cómo puede tener éxito la simbiosis y la otra su importancia relativa con respecto al parasitismo.

Si una de las afirmaciones mayores de la biología evolutiva es que los organismos tienden a perpetuarse dejando la mayor cantidad posible de descendientes, a costa de lo que sea, bien pudiera darnos la impresión de que ese pequeño o gran beneficio que alguien otorga a otros fuera una merma para su descendencia.

La idea es que si los organismos disponen de un conjunto limitado de recursos para su vida, aquellos que emplean para unas actividades, por ejemplo, ser simbiontes, comprometen los que pueden emplear en otras por ejemplo, dejar más descendientes.

Por otro lado, nada a priori nos hace pensar que si existe beneficio ofrecido por cualquiera de los otros que forma parte de la simbiosis, es decir, si los otros –traducido monetariamente en descendientes- le pagan a ese organismo con algo similar a lo que él da, pues realmente no habría tal merma en el número de sus descendientes. O todavía mejor, pudiera ocurrir que el beneficio mutuo hiciera que los miembros de la simbiosis mejorasen en el número respectivo de descendientes. Aunque estas afirmaciones son fáciles de formular, no lo son tanto el poder demostrarlas en la realidad de la convivencia entre organismos. Ahora mismo es un área muy relevante de investigación científica.

Ya tuve oportunidad de hablar en otra columna del término antagónico al de simbiosis, el cual es el “parasitismo”. Allí manifestaba que el mundo de los seres vivos está plagado de parásitos, de seres que, literalmente, viven a costa de otros.

Es más, indicaba la importancia del parasitismo como motor para promover cambios o reacciones en los organismos parasitados para hacer frente a sus parásitos. Pero: ¿y que podemos decir de la simbiosis? ¿también está plagado ese mundo de simbiontes, de seres que se benefician mutuamente? A mí me gustaría particularmente poder conocer la estadística relativa de la simbiosis y el parasitismo en las relaciones entre los seres vivos y, sobre todo, cuál de ellas ha podido contribuir más fundamentalmente a la evolución de la vida en nuestro planeta.