Un diente está “muerto” cuando ya no fluye sangre por él. También se conoce como “diente necrótico”.

Sus causas se deben a diferentes problemas que pueden variar desde un trauma dental hasta una carie. Un diente tiene tres capas: esmalte, dentina y pulpa. La primera contiene los vasos sanguíneos y nervios. Los nervios muertos en la pulpa pueden provocar la muerte de la pieza ósea. Un nervio muerto a veces se denomina pulpa necrótica o diente sin pulpa.

Una vez que esto sucede, el diente se caerá por sí mismo. Sin embargo,puede ser peligroso esperar a que esto ocurra, ya que se puede contraer una infección y afectar la mandíbula.

Se pueden destacar dos síntomas principales que sirvan al autodiagnóstico: la aparición de dolor, y el cambio de color.

Los nervios muertos o una infección suelen causar un aumento de dolor. El dolor no proviene del interior de la pieza ósea sino de terminaciones nerviosas sensibles alrededor de la parte exterior, llamada membrana periodontal.

Cuando se acumulan bacterias y restos de nervios muertos en la cavidad dentro del diente ejercen presión sobre la membrana periodontal, lo que causa el malestar.

Si la pieza está muerta, tendrá un color más oscuro, y es posible notar una decoloración amarilla, gris o negra.

Como causas principales son la aparición de caries y traumatismos dentales.

El tratamiento debe realizarse de inmediato. Si la infección bacteriana crece esta puede moverse a la raíz del diente y atacar a la mandíbula y otras piezas óseas. A menudo los dentista realizan radiografías para tratar este tipo de casos.

Se recomienda cepillarse con pasta dental fluorada antes de acostarse y al menos una vez al día, además de utilizar hilo dental o un cepillo interdental. Evita alimentos y bebidas azucaradas. No olvides acudir regularmente a consulta.

Fuente: Muy Interesante