PENSARC

Mi reflexión en torno a la financiación de la ciencia no va a ir en la línea de si el sector privado debe dejar de financiar la ciencia. Ahora mismo sería del todo absurdo no reconocer que esto no es solo una realidad, sino que muy probablemente la mayor parte de la investigación que se realiza en la actualidad, y mucho más en el futuro inmediato, va a venir del sector privado. Pero conviene pensar en esta forma de financiación, darle más de una vuelta de tuerca.

Cada vez que se habla de la importancia que tiene la sociedad y la economía basada en el conocimiento no se hace otra cosa que referirse al importante papel que progresivamente va teniendo el sector privado en la financiación de la ciencia.

Las grandes corporaciones privadas están poniendo una ingente cantidad de recursos en ciencia y, contrariamente a lo que pudiera parecer, muchas veces esos recursos son a fondo perdido o, dicho de otro modo, están destinados a explorar campos o desarrollar ideas que parecen del todo rompedoras, que van contra los estándares de la ciencia más convencional y que pueden no tener resultados a corto plazo. Y esto se debe, en buena medida, a que los responsables máximos de las citadas corporaciones son personajes visionarios que se pueden permitir destinar una buena parte de los beneficios de sus corporaciones a la investigación de ideas locas. Pero además de ser visionarios son muy pragmáticos. Veamos.

No debe sorprendernos esta idea de dejar la financiación de la ciencia en manos de los prebostes privados que la apadrinan. Siempre los ha habido, vaya por delante. No obstante, hay que recordar que el avance en ciencia buscando nuevas explicaciones lo proporcionan los científicos, y no los prebostes que pudieran darle apoyo, antes y ahora. Por otro lado, no debemos recurrir a la ingenua idea de que estos últimos solo apoyan ideas “locas”. Al tiempo que aportan recursos para estas, están financiando otras que no lo son tanto y que, en estricta lógica del sector privado, están orientadas a plasmarse en tecnologías que van a reportar beneficios a las correspondientes corporaciones promotoras. Sería interesante averiguar qué porcentaje de la ciencia en manos privadas, por parte de cada una de las grandes corporaciones, está destinado al desarrollo de productos con aplicación inmediata y/o comercial y cuanto a esos otros que denomino las locas ideas.

Nada hasta el momento he dicho, querido lector, sobre la financiación pública de la ciencia que, todo sea dicho de paso, sigue siendo muy cuantiosa en los grandes países que la promueven. También existe dentro de ella programas que van orientados al desarrollo de la sociedad y la economía del conocimiento y que, por lo tanto, pudieran ser similares en objetivos a los promovidos por el sector privado. Y, por supuesto, también disponen de programas para la investigación no orientada, para investigar ideas locas. Entonces: ¿existe alguna diferencia entre

ambas formas de financiación de la ciencia? Pues sí, y mucha. Son menos convergentes de lo que pudiera parecer, porque la riqueza que promueven es diferencial o está diferencialmente distribuida. Ningún programa de financiación pública de la ciencia puede presentarse como orientado a crear riqueza para un sector concreto del país. En todo caso promueve la igualación, equilibrando desequilibrios. Si se habla de sociedad y economía del conocimiento desde el sector público es porque se está pensando en que el destinatario último sea cualquier ciudadano de ese país con esa finalidad subyacente de igualación. Y si pudiéramos hablar de un estado mundial, la financiación pública que se otorgara, al menos en su declaración formal, iría destinada a todos los ciudadanos –por cierto, no solo estoy pensando en beneficios para los seres humanos sino también en aquellos que comporten la sostenibilidad del planeta y sus componentes-.

Es falaz pensar que la convergencia de intereses a la hora de financiar la ciencia por parte de los entes públicos –los de todos- y las corporaciones privadas –los de algunos- es el mismo. Si hablamos de interés para la sociedad en general por parte de ambas corremos el peligro de generar una gran confusión.

La pregunta clave es la siguiente: ¿quién es el destinatario último del beneficio proporcionado por ambas fuentes financieras? Suele indicarse que productos tecnológicos similares desarrollados por corporaciones privadas compiten en el mercado y su abaratamiento hace que llegue a todo el mundo; es una estrategia no dirigida igualitaria. Pero: ¿será esto siempre así? ¿No habrá tecnologías y productos fundamentales, por ejemplo, los relacionados con el alargamiento de la vida, que definitivamente solo estarán al alcance de unos pocos? ¿Qué tipo de sociedad acabará consolidándose entonces?