KIM

Mientras usted y yo sostenemos nuestro diálogo semanal hay cientos de mujeres en nuestro país que se sienten amenazadas. ¿Vivir amenazada es vivir o sobrevivir? ¿Acaso es normal utilizar el transporte público y dudar si una va a regresar a casa? ¿Puede una madre despedir a su hija y vivir angustiada hasta que vuelva? ¿Cuántos padres han perdido a sus hijas y no vuelven a saber de ellas? Algunas asesinadas, otras secuestradas, miles más incluidas en las redes de trata y prostitución como animales.

Un nivel alarmante de descomposición en el tejido social donde cada día se evidencia más la realidad que padecemos las mujeres. Normalizamos esta situación, capacitamos a las mujeres para cuidarse de no ser agredidas y no enseñamos a los hombres a respetar y entender que a una mujer no se le toca (ni a un niño, ni a un hombre). El sometimiento debe ser la práctica que eliminemos de nuestros comportamientos. Aún se les enseña a las niñas de nuestro país que algunas características “deseables” de nuestro género son: ser amables, educadas, complacientes, bonitas y generosas (faltaría agregar sumisa que se incluye en todas las anteriores).

¿Cuándo vamos a inculcar a las niñas del futuro a ser valientes, independientes y seguras? Esta espiral de violencia de género que nos coloca como un país de salvajes comienza con el piropo no deseado, la mirada vulgar y libidinosa, el acoso disfrazado de coquetería. Las campañas que ha lanzado la CDMX para detener la violencia se tratan de un esfuerzo que puede quedar en el bote de las buenas intenciones, que no van hacia ningún lado, pero que debería ser la mecha que encienda una conciencia social de intervención.

Sería necesario que establecimientos abiertos al público tengan una política de protección clara. Si una mujer se siente agredida o atacada en la calle debería poder entrar a estos locales y recibir atención inmediata. Por otro lado, aplicaciones de transporte público deben ser especialmente duras contra sus asociados que “coquetean” con el pasaje. Una cultura social de intervención que debe incluir la denuncia en casos de violencia doméstica, abuso infantil y cualquier forma de degradación de la sana y respetuosa convivencia. Cada que usted y yo vemos o escuchamos maltrato de cualquier índole, somos cómplices de un sistema que nos pudre cada vez más. ¿Por dónde comenzamos?

@kimarmengol