METEO

En los últimos dos números hemos platicado sobre ideas no tradicionales que pudieran mejorar la calidad de los servicios meteorológicos o climáticos que un gobierno puede brindar a la población a la que se debe. Pero por supuesto la pregunta sobre si un gobierno puede cobrar, en forma adicional al pago genérico de impuestos, por estos servicios es válida.

Y al respecto hay varios criterios a nivel mundial. La Organización Meteorológica Mundial propone a todos sus países miembros que los datos básicos (mediciones meteorológicas) sean distribuidos libremente no sólo entre usuarios de la nación que los obtuvo, sino inclusive internacionalmente, puesto esto facilita enormemente que esta ciencia sin fronteras opere con eficiencia.

En general los países miembros se adhieren a esta idea, aunque algunos han decidido distribuir sus datos en tiempo real libremente, pero una vez que éstos se conviertan en parte de una base de datos histórica, sí cobrar un monto adicional por ellos para recuperar parte de los costos de adquirirlos. La realidad es que esta recuperación de costos ha resultado muy modesta con solo unos cuantos puntos porcentuales de los costos de operar un Servicio Meteorológico Nacional.

Pero no todos los servicios mencionados son datos básicos. Existen múltiples productos que, aunque incluyan en su seno datos básicos, son ya productos procesados que diferentes usuarios pueden utilizar con diversos propósitos, algunos de los cuáles inclusive pueden representar alguna ganancia económica para ellos.

Dada la función principal de un gobierno, brindar seguridad a su población, el criterio que se ha utilizado entre productos libres y productos con costo es si dichos productos son de vida o muerte (por ejemplo, alertas sobre tormentas severas, que los haría libres) o son simplemente convenientes en la vida diaria (por ejemplo si hay que salir con paraguas, que los haría susceptibles de tener un costo).

Un ejemplo es el antiguo servicio de pronóstico del estado del tiempo diario que la telefónica francesa brindaba a la población a través de la antigua terminal Minitel (una especie de antecesor de Internet) en los domicilios. Solicitarlo costaba unos 20 centavos de franco, de lo cuáles 19 centavos iban a la telefónica y solamente un centavo iba a Meteo-France (el servicio meteorológico francés). Sin embargo, con dicho centavito Meteo-France llegaba a recuperar 50% de su costo de operación, pues era un servicio muy utilizado por los franceses.

Otro criterio que ha sido utilizado es el de la horizontalidad del servicio solicitado, es decir, si es útil para todo mundo o es útil únicamente para un sector específico de la población. De ser el primer caso, sería un servicio sin costo, de ser el segundo se cobraría por él. Por ejemplo, si la CocaCola (como un ejemplo genérico de una compañía) requiriera de un estudio climatológico asociado con el consumo de bebidas refrescantes, podría solicitárselo al Servicio Meteorológico Nacional.

Si éste estuviera facultado para cobrar por dicho estudio, estaría en libertad de realizarlo para uso exclusivo del solicitante. Si no estuviese facultado para cobrarlo, podría también decidir realizarlo, pero tendría que hacerlo disponible a la PepsiCola (como otro ejemplo genérico de una compañía), a todas las demás refresqueras de México y aún más, hacerlo público, para cualquier otro posible usuario.

Cobrar por productos y servicios especializados es, ciertamente, un mecanismo para cubrir, parcialmente, los costos de operación de un Servicio Meteorológico Nacional. Por ejemplo, los lectores de los alrededores de 11 periódicos en Finlandia ven cada día una página completa sobre el pronóstico meteorológico en su diario favorito.

Cada una de las 11 diferentes versiones están ajustado a las necesidades del diario en cuestión. Pero, quizá para sorpresa de todos sus lectores, las 11 páginas están elaboradas por el Servicio Meteorológico de Finlandia que le cobra a estos diarios por el servicio de emitir la página.

La emisión de la página es considerada un servicio especializado sujeto a un precio. Los diarios no están obligados a ello, pero al parecer les resulta conveniente, con la ventaja adicional de que la información en todos los diarios es congruente. Dividir limpiamente lo que es cobrable y lo que no es cobrable (más allá de los impuestos) es otro de los temas que requiere una intensa reflexión. Quizá, en México, ya sea hora de realizarla.