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San Juan, Texas.- La paz de un cementerio de los Carrizo-Comecrudo -una tribu nativa del sur de Texas-, se interrumpe con el ruido de los tambores y el canto de miembros de diferentes clanes pero que buscan un mismo fin: luchar porque el gobierno se retracte de construir o extender una muralla en la frontera con México.

“Después de toda la mierda que mi gente ha tenido que pasar por más de 500 años creo que es patético tener un Presidente que sea una celebridad, especialmente que una celebridad sea un Presidente que sepa sobre cómo hacer negocios pero no como dirigir un país”, dice Garison Riutz, que ha venido a la frontera de Texas desde Oklahoma a apoyar a los Carrizo-Comecrudo.

Y es que el muro cruzará justo por encima del cementerio de los Carrizo-Comecrudo enterrando más de dos mil años de historia. En el panteón Jackson/Brewster descansan los ancestros de la tribu y nadie tiene derecho a violentar la paz de sus tumbas, explica el Jefe Juan Mancías.

“Es una profanación”, advierte.

El grito de los Carrizo-Comecrudo pidiendo apoyo ha llegado a todas las tribus nativas de los Estados Unidos que solidariamente han llegado a San Juan, Texas y se han apostado a un lado del cementerio con tiendas de campaña y lo necesario para permanecer meses si es necesario para impedir con su presencia el cruce de la maquinaria que levantará el muro.

Los nativos norteamericanos han advertido que no planean ceder ni una pulgada de terreno a los deseos del gobierno del Presidente Donald Trump. En el lugar han montado hasta su propia cocina.

El cementerio es muy pequeño en tamaño, pero guarda un gran tesoro que son las raíces de una tribu indígena que se cansó de los caprichos del gobierno que irónicamente ha demostrado animadversión hacia los inmigrantes, sin saber que los únicos y verdaderos dueños de los Estados Unidos son los propios nativos que ahora no están dispuestos a ceder más terreno a un capricho de una “celebridad” que quizá sabe de negocios “pero no cómo dirigir un país”, según Garison Ritz.