adal villasana

A la mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa, decían las abuelas; la caballerosidad y el sentido común era lo que caracterizaba a la sociedad mexicana. Y no hablo de roles preestablecidos, sino de los valores que nos distinguían como comunidad. Deberían estar de sobra campañas de concientización; la gente sabía comportarse, por qué ahora no.

Los casos de abuso y acoso sexual en el Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro en siete meses de 2018 superaron los reportados en 2017. De enero a julio del año pasado, la Policía Bancaria e Industrial (PBI) registró 54 casos, mientras que durante todo el 2017 fueron 47 denuncias.

Queda claro que la pérdida de valores es algo que nos debe ocupar; todos como sociedad debemos hacer algo, independientemente de lo que le toca a las autoridades.

Un hombre que peinaba canas, era “señor” y no “che viejito”; a la mujer se le respetaba, es el pilar de la familia y su desempeño es fundamental en el desarrollo de la nación, las vemos destacar todas las áreas, sociales, económico, culturales, etc.

Sin embargo, en la actualidad se encendieron los focos rojos. Por el número de acciones de violencia de género que se registran.

De los 46.5 millones de mujeres de 15 años y más que hay en el país, 66.1% (30.7 millones), ha enfrentado violencia de cualquier tipo y de cualquier agresor, alguna vez en su vida, establecen estudios del INEGI.

Además, el 43.9% ha enfrentado agresiones del esposo o pareja actual o la última a lo largo de su relación y 53.1% sufrió violencia por parte de algún agresor distinto a la pareja.

Y no es una cuestión geográfica, de preparación académica o posición social. Entre 2014 y 2016, las entidades que presentan las tasas más altas en homicidios de mujeres son Baja California, Colima, Chihuahua, Guerrero, estado de México, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Sinaloa, Tamaulipas y Zacatecas.

Textualmente hay que decirlo: Las mujeres son víctimas, cada vez con mayor violencia y saña. Urge acabar con ello, pero sólo se logrará con un proceso largo de reeducación y retomar la práctica de valores, proceso que durará quizás años, peor que es necesario empezar hoy.

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